Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No sabÃa que estuviera llevando la contraria a nadie llamando a tu madre maleducada.
—SÃ, tráteme usted todo lo mal que quiera —dijo la buena señora—; se ha llevado a mi Charlotte, y no puede devolvérmela. Asà que ahora la toma conmigo.
Charlotte rio entusiasmada de pensar que su marido no podÃa librarse de ella; y dijo, exultante, que a ella no le importaba cargar con esa cruz, dado que debÃan vivir juntos. Era imposible que alguien tuviera mejores intenciones, o estuviera más determinada a ser feliz, que la señora Palmer. Era inmune a la estudiada indiferencia de su marido, a su insolencia y desabrimiento: y cuando él la maltrataba o reprendÃa, se divertÃa la mar.
—¡El señor Palmer es tan raro! —le dijo, en un susurro, a Elinor—. Siempre está de mal humor.