Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Ah, bueno! No hay mucha diferencia. Nunca he estado en su casa; pero dicen que es una monada de sitio.
—En mi vida he visto un lugar más horrible —dijo el señor Palmer.
Marianne seguÃa en completo silencio, aunque su expresión traicionaba el interés que tenÃa por lo que se estaba diciendo.
—¿Es muy fea…? —prosiguió la señora Palmer—. Entonces supongo que debe ser otro sitio el que es tan bonito.
Una vez en el comedor, sir John observó con lástima que sólo eran ocho en total.
—Querida —le dijo a su esposa—, es un fastidio que seamos tan pocos. ¿Por qué no invitaste a los Gilbert a venir hoy?
—¿No te dije, sir John, cuando me lo dijiste antes, que eso no era posible? Cenaron aquà la otra noche.
—Usted y yo, sir John —dijo la señora Jennings—, no nos atendrÃamos a tanta ceremonia.
—Pues serÃan muy maleducados —exclamó el señor Palmer.
—Amor mÃo, llevas la contraria a todo el mundo —dijo su mujer, con su risa habitual—. ¿Sabes que eres bastante grosero?