Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Por supuesto —contestó, con mofa—, he venido a Devonshire con este único propósito.
—Ya lo ven —dijo su esposa—, ya ven que el señor Palmer las espera; asà que no pueden negarse.
Las dos declinaron con tenacidad y energÃa la invitación.
—Pero lo cierto es que deben ir, y que van a ir. Seguro que les gustará a rabiar. Los Weston estarán con nosotros, y será todo una maravilla. No pueden imaginarse lo encantador que es un lugar como Cleveland; y ahora estamos la mar de divertidos, porque el señor Palmer está todo el dÃa yendo y viniendo por la región haciendo campaña electoral; y tenemos a cenar a tanta gente desconocida que es una delicia. Pero ¡pobrecito! ¡Le resulta agotador! No le queda más remedio que hacerse agradable a todo el mundo.
Elinor apenas pudo contener la risa al reconocer la carga de una obligación asÃ.
—¡Qué maravilla —dijo Charlotte—, cuando esté en el Parlamento! ¿No creen? ¡Cómo me voy a reÃr! Me hará gracia ver encabezadas todas sus cartas con un M.P.[5] Pero ¿saben lo que dice? ¡Que nunca las va a franquear para mÃ! Asegura que no lo va a hacer. ¿No es verdad, señor Palmer?
El señor Palmer no le prestaba la menor atención.