Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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Las señoritas llegaron, y no dieron en absoluto una impresión poco fina o respetable. Muy elegantemente vestidas, de modales muy educados, quedaron encantadas con la casa, y extasiadas con el mobiliario, y resultó que los niños les gustaban a rabiar, tanto que no llevaban una hora en la finca y ya se habían ganado la buena opinión de lady Middleton. De hecho, ésta declaró que eran unas muchachas muy simpáticas, lo que, dicho por su señoría, era signo de fervorosa admiración. La confianza de sir John en su propio juicio creció con este encendido elogio, y se fue directo a la casita de campo a informar a las señoritas Dashwood de la llegada de las señoritas Steele, asegurando que eran las muchachas más dulces del mundo. Poco significaban, sin embargo, estos cumplidos; Elinor sabía muy bien que en cualquier parte de Inglaterra, en todas las variaciones posibles de rostro, figura, carácter e inteligencia, podía uno encontrar a las muchachas más dulces del mundo. Sir John pretendía que toda la familia se trasladase inmediatamente a la finca para conocer a sus huéspedes. ¡Hombre filantrópico y benevolente! Hasta a una prima tercera le resultaba doloroso guardarse sólo para sí.





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