Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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En una excursión matutina a Exeter, sir John se había encontrado con dos jovencitas, con quienes la señora Jennings tuvo la satisfacción de descubrir que estaba emparentada, y esto bastó para que las invitase sin más preámbulos a la finca, no bien las muchachas hubieran puesto término a sus actuales compromisos en Exeter. Los compromisos de las jovencitas en Exeter se desatendieron al instante a la vista de una invitación así, y lady Middleton se sintió no poco alarmada al oír, al regreso de sir John, que iba a recibir muy pronto la visita de dos muchachas a las que no había visto en su vida, y de cuya elegancia, de cuya presentabilidad incluso, no podía disponer de la menor prueba; pues las afirmaciones de su marido y de su madre en este sentido no eran nada de fiar. Que fueran parientes suyas lo ponía aún peor; y por ello los intentos de la señora Jennings por consolarla fueron desafortunadamente fundados cuando recomendó a su hija que no se preocupara de si las muchachas eran o no eran distinguidas; porque al ser todas primas tenían que aguantarse. Como de todos modos era imposible evitarlo, lady Middleton se hizo resignadamente a la idea, con toda la filosofía de una mujer bien educada, y se contentó simplemente con echar una amable reprimenda a su marido cinco o seis veces al día.



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