Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Cuatro años llevan comprometidos —dijo con voz firme.
—SÃ, y sabe Dios cuántos más tendremos que esperar. ¡Pobre Edward! Esto le saca de quicio —sacó entonces una pequeña miniatura del bolsillo, y añadió—: Para ahuyentar la posibilidad de un error, sea usted tan amable de mirar este rostro. No le hace justicia, por descontado, pero aun asà creo que no podrá confundirse con la persona que sirvió de modelo. Lo llevo encima desde hace tres años.
Mientras decÃa esto lo puso en las manos de Elinor, y cuando ésta vio el retrato, si se resistÃa a abandonar su pensamiento cualquier otra duda motivada por el miedo a una decisión demasiado precipitada, o por el deseo de detectar una falsedad, ahora no pudo tener ninguna de que aquél era el rostro de Edward. Se lo devolvió a Lucy casi inmediatamente, reconociendo el parecido.
—Nunca he podido —continuó Lucy— corresponderle con un retrato mÃo, y eso me ha valido muchos disgustos, ¡porque él siempre ha tenido tantas ganas de tener uno! Pero estoy decidida a hacerlo a la primera oportunidad…
—Hará usted bien —repuso Elinor con calma. A continuación dieron unos pasos en silencio. Lucy fue la primera en hablar.