Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Lady Middleton dio la impresión de estar dando gracias al Cielo por esta intervención tan absolutamente maleducada.
—Ya sabe usted, señora, que Marianne no puede pasar sin el piano mucho tiempo —dijo Elinor, intentando suavizar la ofensa—; y no me extraña, la verdad, porque nunca he oÃdo otro que suene tan bien.
Las otras cinco se disponÃan ahora a repartir las cartas.
—Tal vez —continuó Elinor—, si pudieran prescindir de mÃ, podrÃa ayudar un poco a la señorita Lucy Steele enrollándole los papeles; y queda tanto por hacer todavÃa que no creo que sea posible, si trabaja ella sola, terminar la cesta esta noche. Me gustarÃa mucho ayudarla, si a ella no le molesta.
—Pues lo cierto es que se lo agradecerÃa mucho —dijo Lucy—, porque me estoy dando cuenta de que queda mucho más por hacer de lo que creÃa; y desde luego serÃa terrible desilusionar a la pequeña Annamaria.
—¡Oh, sÃ, terrible! —dijo la señorita Steele—. ¡Pobrecita mÃa! ¡Cómo la quiero!
—Es usted muy amable —le dijo lady Middleton a Elinor—. Y ya que le gusta tanto la labor, quizá prefiera esperar hasta la última ronda, ¿o quiere jugar ahora?