Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor se aferró gustosamente a la primera de estas proposiciones, y así, con un poco de aquellos modales que Marianne nunca podía condescender en practicar, consiguió su propósito y dejó a la vez contenta a lady Middleton. Lucy le hizo sitio con mucha consideración, y así las dos bellas rivales se encontraron sentadas una al lado de la otra a la misma mesa, y enfrascadas con la máxima armonía en la misma labor. El piano, donde Marianne, absorta en la música y en sus propios pensamientos, a estas alturas se había olvidado ya de que hubiera en la sala otras personas además de sí misma, se hallaba felizmente tan cerca de ellas que la señorita Dashwood juzgó que, con la protección de sus rimbombos, tenían las espaldas guardadas, y que podía por lo tanto plantear el interesante asunto que la ocupaba sin peligro de ser oída en la mesa de naipes.