Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Aunque la señora Jennings tenía por costumbre pasar una gran parte del año en casa de sus hijas y amigos, no carecía de residencia propia. Desde la muerte de su marido, que había comerciado con fortuna en una zona menos elegante de la ciudad, vivía todos los inviernos en una casa de una calle próxima a Portman Square. Hacia tal hogar empezó a dirigir sus pensamientos cuando se acercó el mes de enero, y allí invitó, un día, brusca y muy inesperadamente a las señoritas Dashwood a acompañarla. Elinor, sin observar el cambio de actitud de su hermana, y la mirada vivaz que revelaba su escasa indiferencia respecto al plan, se apresuró a dar una agradecida pero tajante negativa por parte de las dos, en la que creía realmente condensar la voluntad de ambas. El motivo alegado fue la firme determinación a no dejar sola a su madre en esta época del año. La señora Jennings recibió el rechazo con cierta sorpresa, y repitió la invitación inmediatamente.
