Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Oh, Señor! Estoy segura de que su madre puede arreglarse muy bien sin ustedes, y yo les estoy rogando que me honren con su compañÃa, porque en ello me va el corazón. No crean que van a ser un estorbo para mÃ, porque de ningún modo voy a variar mis costumbres por causa de ustedes. Sólo tendrÃa que mandar a Betty en la diligencia, y espero que eso me lo pueda permitir. Las tres cabemos muy bien en mi landó; y cuando estemos en la ciudad, si no les gusta ir a donde vaya yo, pues muy bien, siempre pueden ir ustedes con una de mis hijas. Estoy segura de que su madre no se opondrá; pues he tenido tanta suerte a la hora de colocar a mis hijas que pensará que mi tutela es de lo más indicado; y, si no consigo casar bien casada al menos a una de las dos antes de que todo haya acabado, no será culpa mÃa. Tendré una palabra bonita sobre ustedes para todos los jóvenes, pueden confiar en mÃ.
—A mà me parece —dijo sir John— que la señorita Marianne no se opondrÃa a este plan, si pudiéramos convencer a su hermana mayor. Lo cierto es que serÃa muy penoso que ella no pudiera disfrutar un poco sólo porque a la señorita Dashwood no le da la gana. Asà que mi consejo es que usted, querida, y la señorita Marianne, cuando se cansen de Barton, salgan para la ciudad sin decir ni una palabra a la señorita Dashwood.