Juicio y sentimiento

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Elinor no pudo dejar de sonreír ante esta exhibición de indiferencia a las maneras de una persona a la que Marianne no había conseguido tratar con mediano respeto sino después de muchos y arduos esfuerzos; y decidió en su fuero interno que, si su hermana insistía en ir, ella iría también, pues no le parecía apropiado que ésta quedase abandonada a la sola guía de su propio entendimiento, ni que la señora Jennings se encontrase sola a merced de Marianne en la paz de sus horas hogareñas. Otra cosa contribuyó a que tomara esta determinación, y fue recordar que Edward Ferrars, según había dicho Lucy, no iba a ir a la ciudad hasta el mes de febrero; y que para entonces su visita, sin necesidad de acortarse, podía ya haber finalizado.

—Vais a ir las dos —dijo la señora Dashwood—; estas objeciones no tienen sentido. Os va a gustar mucho Londres, especialmente si vais juntas; y si Elinor tuviera a bien adelantarse a la diversión, vería que la iba a encontrar en una gran variedad de sitios. Quizá habría de pensar en entretenerse mejorando sus relaciones con la familia de su cuñada.





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