Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor llevaba tiempo esperando una oportunidad para enfriar la fe de su madre en lo que atañía a sus relaciones con Edward, a fin de que la conmoción fuera menor cuando la verdad se hiciera pública, y ahora, con motivo de este ataque, aunque casi sin esperanzas de éxito, hizo un esfuerzo por abordar su proyecto pronunciando, con toda la seriedad posible, estas palabras:
—Me gusta mucho Edward Ferrars, y siempre estaré contenta de verle; pero, en lo que se refiere al resto de su familia, me trae realmente sin cuidado llegar a conocerlos o no.
La señora Dashwood sonrió, sin decir nada. Marianne alzó la vista, atónita, y Elinor conjeturó que del mismo modo se había impuesto tener la boca cerrada.
Sin muchas más discusiones, se decidió finalmente que la invitación iba a ser aceptada sin condiciones. La señora Jennings recibió la noticia con verdadero júbilo, y multitud de promesas de cariño y cuidado. No sólo para ella fue motivo de satisfacción. Sir John se mostró encantado, pues para un hombre cuya mayor inquietud era el terror a la soledad, añadir dos habitantes más al índice de población de Londres tenía su importancia. Hasta lady Middleton se tomó la molestia de estar encantada, lo que para ella representaba un notable apartamiento de sus costumbres; y en cuanto a las señoritas Steele, y a Lucy en especial, ninguna otra noticia las había hecho más felices en toda su vida.