Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor se resignó al acuerdo que contravenÃa sus deseos con menor renuencia de la esperada. En lo que a ella concernÃa, ya no le importaba ir o no ir a la ciudad, y cuando vio a su madre tan entusiasmada con el plan, y a su hermana revivida en aspecto, voz y actitud, devuelta a toda su animación habitual, y elevada a cimas de contento desconocidas, no pudo sentirse a disgusto con la causa de todo ello, y apenas quiso permitirse poner en duda las consecuencias.
El júbilo de Marianne rebasaba casi la felicidad, tan grande era la perturbación de su estado anÃmico y su impaciencia por marcharse. Sólo las pocas ganas que tenÃa de separarse de su madre le devolvÃan la tranquilidad; y, en el momento de la despedida, su pesar por este motivo fue extremo. La aflicción de su madre apenas fue menor, y Elinor fue la única de las tres que pareció considerar que la separación iba a durar algo menos que una eternidad.
Partieron la primera semana de enero. Los Middleton las seguirÃan al cabo de otra semana, más o menos. Las señoritas Steele mantuvieron sus posiciones en la finca, que sólo abandonarÃan cuando lo hiciera el resto de la familia.