Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El hombre contestó que nadie habÃa traÃdo nada.
—Pero ¡qué extraño! —dijo ella, en voz baja y contrariada, mientras se volvÃa hacia la ventana.
«SÃ, muy extraño, ciertamente —repitió Elinor para sÃ, observando a su hermana con inquietud—. Si ella no hubiera sabido que él estaba en la ciudad, no le habrÃa escrito, como lo hizo; habrÃa escrito a Combe Magna; y si está en la ciudad, ¡qué raro que no haya venido ni le haya escrito! ¡Oh, madre querida! ¡Qué error has cometido permitiendo que una hija tan joven se comprometa con un hombre tan desconocido de un modo tan incierto, tan misterioso! ¡Cómo deseo averiguar la causa! Pero ¡cómo se tomarÃa Marianne mi intromisión!».
Tras algunas consideraciones, determinó que, si las apariencias seguÃan muchos dÃas más siendo tan desagradables como eran ahora, apelarÃa del modo más solemne a su madre para obligarla a hacer en serio algunas investigaciones.