Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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—En cualquier caso —dijo Elinor, con afán de evitar que la señora Jennings leyera con tanta claridad como ella en los pensamientos de su hermana—, creo que tendremos a sir John y a lady Middleton en la ciudad a fines de la semana que viene.

—Sí, querida, puede estar segura. Mary siempre se sale con la suya.

«Y ahora —conjeturó Elinor para sí— Marianne escribirá a Combe con el correo de hoy».

Pero, si lo hizo, la carta fue escrita y despachada con una discreción que eludió toda la vigilancia de Elinor para obtener pruebas del hecho. Fuera o no verdad, y lejos como estaba ella de ver con buenos ojos todo lo que ocurría, cuando observó el optimismo de Marianne, no pudo finalmente sentirse muy contrariada. Y Marianne estaba optimista: feliz con la suavidad del clima, y más feliz todavía con la expectativa de una helada.

La mayor parte de la mañana la dedicaron a dejar tarjetas en casa de las amistades de la señora Jennings, a fin de hacerles saber que las señoritas se hallaban en la ciudad; y Marianne estuvo todo el tiempo muy ocupada observando la dirección del viento, contemplando las variaciones del cielo e imaginando cambios en la atmósfera.


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