Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El señor y la señora Palmer formaban parte del grupo; del primero, a quien era la primera vez que veÃan desde que estaban en la ciudad, pues, en su afán de no parecer atento con su suegra, el hombre ni se le acercaba, no recibieron muestra alguna de reconocimiento cuando llegaron. Las miró por encima, como si no las conociera, y con una simple inclinación de cabeza saludó a la señora Jennings desde el otro lado de la sala. Marianne echó, al entrar, una ojeada general; con eso le bastó: él no estaba allÃ… y luego se sentó, tan poco dispuesta a divertirse como a divertir a los demás. El grupo llevaba aproximadamente una hora reunido cuando el señor Palmer se aproximó distraÃdamente a las señoritas Dashwood para decirles lo mucho que le sorprendÃa verlas, a pesar de que habÃa sido precisamente en su casa donde el coronel Brandon se habÃa enterado de su llegada, y a pesar de que él mismo habÃa dicho algo muy divertido al saber que iban a ir a la ciudad.
—Yo las hacÃa en Devonshire —dijo.
—¿De veras? —replicó Elinor.
—¿Cuándo regresan?
—No lo sé.
Y ésa fue toda su conversación.
Marianne nunca habÃa tenido tan pocos deseos de bailar como aquella noche, y nunca el ejercicio la habÃa fatigado tanto. Asà se lamentaba una vez de vuelta en Berkeley Street.