Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —SÃ, sà —dijo la señorita Jennings—, ya sabemos qué le pasa. Si cierta persona cuyo nombre no mencionaremos hubiera asistido al baile, no estarÃa usted ahora ni un poquitÃn cansada: y, a decir verdad, no ha sido muy bonito de su parte no venir a verla, teniendo en cuenta que se le ha invitado.
—¡Invitado! —exclamó Marianne.
—Eso me dijo mi hija, lady Middleton; pues parece ser que esta mañana sir John se encontró con él en la calle.
Marianne no dijo nada, pero dio la impresión de haber sido herida en lo más hondo. Impaciente, en estas circunstancias, por contribuir a la futura tranquilidad de su hermana, Elinor resolvió escribir a su madre a la mañana siguiente, con la esperanza de remover en ella el temor por la salud de Marianne y empujarla asà a hacerle aquella pregunta que llevaba tanto tiempo demorada; y otra cosa hubo aún de empujarla a perseverar en la medida, y fue ver, por la mañana, después del desayuno, que Marianne estaba escribiendo otra vez a Willoughby, pues no era probable que estuviera escribiendo a nadie más.