Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Hacia mediodía, la señora Jennings salió sola a unos recados, y Elinor empezó sin dilación la carta, mientras Marianne, demasiado inquieta para hacer algo, demasiado en vilo para conversar, andaba de una ventana a otra, o se sentaba junto al fuego en melancólica meditación. Elinor se encomendó a su madre en un tono muy serio; le contó todo lo que había pasado, sus sospechas acerca de la volubilidad de Willoughby, y la instó, en nombre del deber y del amor, a pedirle cuentas a Marianne sobre el verdadero estado de sus relaciones.