Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No puede ser del domino público —contestó Elinor—, cuando ni su propia familia lo sabe.
El coronel pareció sorprenderse y dijo:
—Le ruego que me perdone, me temo que la pregunta ha sido una impertinencia; pero no imaginaba que fuese un secreto, ya que es evidente que se corresponden, y que de su boda habla todo el mundo.
—¿Cómo es posible? ¿A quién ha oÃdo usted decir algo asÃ?
—A mucha gente… a mucha gente que usted no conoce, y a otra a quien conoce muy bien, la señora Jennings, la señora Palmer, y los Middleton. Yo me resistÃa a creerlo, pues cuando uno no quiere convencerse de una cosa siempre encuentra motivos para dudar de ella, pero hoy he visto accidentalmente, cuando el criado me ha abierto la puerta, que llevaba una carta con letra de su hermana dirigida al señor Willoughby. HabÃa venido a informarme, pero lo he sabido todo antes siquiera de preguntar. ¿Está todo, en fin, dispuesto? ¿No hay ninguna posibilidad de…? Pero no me ampara el menor derecho, y no tendrÃa la menor posibilidad de ganar. Perdóneme, señorita Dashwood. Creo que he hecho mal hablando tanto, pero no sé realmente qué hacer, y en su prudencia confÃo más que en ninguna otra cosa. DÃgame que todo está completamente decidido, que sólo un esfuerzo inútil, sólo disimular, en pocas palabras, si es que disimular se puede, es mi único remedio.