Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor se sintió muy afectada por estas palabras, que declaraban de una forma tan patente el amor del coronel por su hermana. No fue capaz de decir nada hasta unos momentos después, e incluso cuando recobró las fuerzas tuvo que esperar para encontrar la respuesta más oportuna. El verdadero estado de cosas entre Willoughby y su hermana le era a ella misma tan desconocido que, en el esfuerzo por explicarlo, podía acabar diciendo demasiado tanto como demasiado poco. Sabiendo, no obstante, como sabía, que el amor de Marianne por Willoughby dejaba al coronel sin esperanzas, fuera cual fuere el resultado de este amor, y deseando al mismo tiempo proteger a su hermana de toda reprobación, después de meditarlo un poco, concluyó que lo más atento y prudente era decir más de lo que realmente sabía o creía. Reconoció, por ello, que, aunque nunca ninguno de los dos la había puesto al corriente de la naturaleza de sus relaciones, no dudaba de que existía entre ellos un gran afecto; y que no le sorprendía saber que era correspondido.
El coronel la escuchó con silenciosa atención y, cuando terminó de hablar, se levantó de su asiento y después de decir con voz emocionada: «A su hermana le deseo toda la felicidad imaginable; a Willoughby, que pueda hacerse digno de merecerla», se despidió y se marchó.