Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Lady Middleton, aunque se encontraba en mitad de una partida, era demasiado educada para poner la menor objeción, en cuanto supo que Marianne no se encontraba bien, a su deseo de marcharse; pasó sus cartas a una amiga y las tres se pusieron en camino en cuanto el coche pudo ser localizado. Apenas una palabra se dijo en el trayecto a Berkeley Street. Marianne vivía una silenciosa agonía, transida al punto de no poder llorar; pero, como afortunadamente la señora Jennings no había vuelto, ella y su hermana pudieron subir directamente a sus habitaciones, donde las sales de amoniaco le permitieron volver un poco en sí. No tardó en desvestirse y meterse en la cama, y, como parecía deseosa de estar a solas, Elinor salió de la habitación, y, mientras aguardaba el regreso de la señora Jennings, tuvo tiempo de sobra para pensar en lo ocurrido.