Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¿Qué tal está, querida? —preguntó con voz muy compungida a Marianne, la cual apartó el rostro sin tratar de responder—. ¿Cómo está, señorita Dashwood? ¡Pobrecita! ¡Tiene muy mala cara…! No me sorprende. En fin, lo siento mucho, pero es verdad. Nuestro joven va a casarse pronto… ¡Vaya indeseable! ¡De mà que no espere nada más! La señora Taylor me lo ha dicho hace media hora, y a ella se lo dijo una amiga personal de la misma señorita Grey; si no, naturalmente no la habrÃa creÃdo; y casi me desplomo cuando me he enterado. Bueno, dije, lo único que puedo decir es que, si eso es verdad, ese hombre se ha aprovechado abominablemente de una señorita a la que cuento entre mis amistades, y que deseo con toda el alma que su esposa le amargue para siempre la vida. Y eso es lo que siempre diré, querida, puede usted confiar en mÃ. No sé adónde irá a parar un hombre por este camino: y si vuelvo a encontrármelo alguna vez, voy a echarle un rapapolvo que recordará mientras viva. Pero nos queda un consuelo, querida señorita Marianne: él no es el único hombre sobre la faz de la tierra; hay otros que merece la pena conquistar. Y con su cara bonita a usted nunca le faltarán admiradores. Bueno, ¡pobre criatura! No quiero molestar más; es mejor que se desahogue en seguida y asà terminará todo antes. Afortunadamente esta noche vienen los Parry y los Sanderson, y eso la entretendrá.