Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —ConfÃo, Marianne —continuó Elinor—, en que no le consideres privado de gusto en conjunto. De hecho, creo poder decir que no puedes hacerlo, pues tu actitud es completamente cordial y, si fuera ésa tu opinión, estoy segura de que nunca podrÃas ser amable con él.
Marianne apenas supo qué decir. No querÃa herir los sentimientos de su hermana por ningún motivo, pero decir lo que no pensaba era imposible. Finalmente respondió:
—No debes sentirte ofendida, Elinor, si mis alabanzas no se corresponden en todo punto con tu propio concepto de sus cualidades. No he tenido tantas ocasiones como tú de apreciar las más recónditas propensiones de su alma, sus gustos e inclinaciones, pero tengo la mejor opinión de su bondad y buen juicio. Veo en él sólo cosas valiosas y agradables.
—Estoy segura —repuso Elinor con una sonrisa— de que sus mejores amigos no se sentirÃan descontentos con una recomendación asÃ. Tu amabilidad no podrÃa, creo, expresarse con mayor calidez.
Marianne se regocijó al ver a su hermana tan fácilmente complacida.