Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
—Qué pena me da, Elinor —dijo Marianne—, que Edward no tenga gusto por el dibujo.
—¿Que no tiene gusto por el dibujo? —respondiĂł Elinor—; Âży quĂ© te hace pensar eso? Él no dibuja, cierto es, pero disfruta viendo la obra de los demás, y te aseguro que de ningĂşn modo está privado de un sentido natural del gusto, a pesar de no haber tenido oportunidades para perfeccionarlo. Si alguna vez se le hubiera presentado la ocasiĂłn de aprender, creo que habrĂa dibujado muy bien. No se fĂa de su propio criterio en estas materias, y tanto es asĂ que siempre declina dar su parecer sobre una obra; pero tiene una innata correcciĂłn y simplicidad de gusto, que normalmente le guĂa por el mejor camino.
Marianne tenĂa miedo de ofender, y no dijo nada más sobre el asunto; pero el tipo de aprobaciĂłn que, segĂşn la descripciĂłn de Elinor, obtenĂan de Ă©l los dibujos de los demás estaba muy lejos de aquel rapto de placer que, en su propia opiniĂłn, era lo Ăşnico que merecĂa llamarse gusto. Con todo, aunque sonriendo para sĂ por el malentendido, felicitĂł a su hermana por esa ciega parcialidad hacia Edward que lo habĂa producido.
