Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Pobre criatura! —exclamó la señora Jennings, en cuanto se hubo marchado—. ¡Qué pena me da verla asÃ! ¡Mira que irse sin acabarse el vino! ¡Ni las cerezas pasas! ¡Ay, señor, nada parece hacerle bien! Si yo supiera de algo que le fuera a gustar, no dudarÃa en mandar a por ello aunque tuviera que recorrer todo Londres. Pues sÃ, ¡jamás habrÃa pensado que un hombre pudiera aprovecharse asà de una muchacha tan encantadora! Pero cuando uno tiene enfrente montañas de dinero, y mira hacia otro lado y no ve prácticamente nada, ¡que Dios nos ampare! ¡Estas cosas ya no se tienen en cuenta!
—Entonces la señorita… la señorita Grey, creo que dijo usted que se llamaba… ¿es muy rica?