Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Oh, sÃ, Dios mÃo, tiene razón! Debe ser terrible para usted oÃr hablar de esto; y en cuanto a su hermana, le prometo que por nada en el mundo diré una palabra delante de ella. Ya vio que no lo hice durante la cena. Ni lo harán sir John ni mis hijas, porque son todos muy atentos y considerados; sobre todo si se lo sugiero yo, cosa que ciertamente haré. Por mi parte, creo que cuanto menos se diga sobre tales asuntos, mejor; asà antes pasará todo y quedará olvidado. Y, ya me dirá, ¿qué tiene de bueno hablar, en cualquier caso?
—En este caso sólo puede ser pernicioso, más quizá que en muchos casos de caracterÃsticas similares, pues éste se ha producido en circunstancias que, por el bien de todos los interesados, desaconsejan convertirlo en tema de conversación pública. Debo en este punto ser justa con el señor Willoughby, y decir que él no ha roto ningún compromiso declarado con mi hermana.
—Pero ¡qué dice, querida! No intente defenderle. ¡Que no ha habido compromiso declarado! ¡Después de llevarla a la casa de Allenham y de pasearse por las mismÃsimas habitaciones en las que iban a vivir en el futuro!