Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —SÃ, creo que eso será lo mejor. Que diga lo que quiere tomar antes de dormir, y que se acueste. ¡Señor! No me sorprende haberla visto con tan mala cara y tan desganada esta última semana y quizá también la anterior, pues supongo que en todo este tiempo el asunto le habrá ido rondando por la cabeza. ¡Y con la carta que hoy ha recibido todo ha terminado! ¡Criatura! De haber tenido la menor idea, ni por todo el dinero del mundo habrÃa bromeado ni un momento, se lo aseguro. Pero, bueno, dÃgame, ¿cómo iba yo a adivinar una cosa asÃ? Di por cierto que no se trataba sino de una vulgar carta de amor, y ya sabe que a los jóvenes les gusta que se bromee con estas cosas. ¡Dios mÃo! ¡Cuánto van a preocuparse sir John y mis hijas cuando se enteren! Si se me hubiera ocurrido habrÃa podido pasarme por Conduit Street al venir a casa y decÃrselo. Pero ya los veré mañana.
—Sin duda, no habrá necesidad de que usted prevenga a la señora Palmer y a sir John de mencionar siquiera a Willoughby, o de hacer la menor alusión a lo ocurrido, delante de mi hermana. Su buena naturaleza debe hacerles ver lo cruel que serÃa manifestar cualquier conocimiento de ello en su presencia; y cuanto menos se me diga a mà al respecto, más sufrimientos me ahorraré, como buenamente, señora, podrá usted imaginar.