Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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—Bueno, querida, a río revuelto, ganancia de pescadores, al menos por lo que le toca al coronel. Al fin la tendrá; sí, la tendrá, vaya si no, ya verá cómo a mediados de agosto los tenemos casados. ¡Oh, Señor, seguro que no podrá reprimir la risa cuando se entere! Espero que venga esta noche. Será para su hermana, sin dudarlo, mucho mejor partido. Dos mil libras anuales sin deudas ni cargas… bueno, con la salvedad de la pequeña criatura… ay, sí, la había olvidado; pero a ella se la puede poner con poco gasto de aprendiza en alguna parte, y entonces ¿a quién va a molestar? Delaford es un sitio muy bonito, se lo digo yo, precisamente lo que yo llamo un bonito sitio a la antigua usanza, lleno de ventajas y comodidades; tiene un huerto tapiado en el que crecen los mejores frutales de la campiña: ¡hay una espléndida morera en uno de sus rincones! ¡Dios mío! ¡Qué atracón nos dimos Charlotte y yo la única vez que estuvimos allí! Tiene también un palomar, un estanque con peces y un bonito canalillo. En fin, no se puede pedir más: y está cerca de la iglesia, y a sólo un cuarto de milla del camino de peaje, por lo que no es nada aburrido, pues basta con sentarse en un viejo cenador de tejo que hay detrás de la casa para ver pasar los carruajes. ¡Oh, qué lugar tan hermoso! Un carnicero muy cerca, el pueblo y la casa del párroco a un tiro de piedra. Me lo imagino mil veces más bonito que Barton Park, donde hay que correr tres millas para la carne y el vecino más próximo es su madre. En fin, en cuanto pueda aleccionaré al coronel. Ya sabe, querida, un clavo saca otro clavo. ¡Con que consigamos quitarnos a Willoughby de la cabeza!


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