Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Marianne no precisaba oÃr más. En un momento su imaginación le presentó la carta de un Willoughby contrito, lleno de ternura y de explicaciones para todo lo ocurrido, satisfactorio, convincente; y, acto seguido, a Willoughby en persona, precipitándose impaciente en la habitación para abundar, a sus pies y con la elocuencia de sus miradas, en las afirmaciones de la carta. La obra de un momento fue destruida por el momento siguiente. Vio la letra de su madre, que nunca hasta entonces habÃa sido mal recibida; y, en la acritud de la desilusión que seguÃa a un éxtasis mayor que la esperanza, se sintió como si nunca hasta aquel mismo instante hubiera sabido lo que es sufrir.