Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Estas palabras estaban de más, porque Elinor ya conocía el irritable refinamiento del espíritu de su hermana, y las injusticias que muchas veces la llevaba a cometer, así como la excesiva importancia que otorgaba a las delicadezas de una personalidad sensible, y a los detalles de una buena educación. Como medio mundo, si es que más de la mitad del mundo está formada por gente buena e inteligente, Marianne, con sus excelentes cualidades y su excelente disposición, no era razonable ni estaba libre de prejuicios. Esperaba de los demás opiniones y sentimientos iguales a los suyos, y juzgaba los motivos ajenos según el efecto inmediato que obraban en sí misma. Fue así como una circunstancia ocurrida en sus aposentos después del desayuno rebajó aún más en su consideración el sentir de la señora Jennings; porque esta circunstancia hizo brotar en ella, por su propia debilidad, un nuevo manantial de lágrimas, y eso que dicha señora había obrado siguiendo un impulso de la mejor voluntad.
Con una carta en la mano, un gesto expresivo y una alegre sonrisa basada en la seguridad de ser portadora de un remedio, la señora Jennings entró en sus habitaciones diciendo:
—Querida, le traigo algo que estoy convencida de que le hará bien.