Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Cuando la señorita Dashwood refirió a su hermana el contenido de esta conversación, cosa que no tardó en hacer, no vio que reaccionara del todo como había esperado. No es que pareciera dudar de la veracidad de nada de cuanto se le dijo, pues escuchó con la mayor y más sumisa atención, no hizo ninguna objeción o comentario, no trató de vindicar a Willoughby, y sus lágrimas parecieron dar a entender que tal vindicación era imposible. Pero, aunque de esta actitud dedujo Elinor una prueba de que finalmente su entendimiento se había empapado de la culpabilidad del joven, aunque vio con satisfacción el efecto de este cambio en su forma de no rehuir ya al coronel Brandon cuando iba de visita, y de hablarle, incluso por propia iniciativa, con una especie de compasivo respeto, y aunque la vio mucho más calmada y menos irritable, no por eso dejó también de verla menos afligida. Sus ideas se habían asentado, pero sobre un oscuro abatimiento. Lamentó la falta de integridad de Willoughby con más pesar aún que su falta de sentimientos. La seducción y abandono de la señorita Williams, la desventura de aquella pobre muchacha, y el no saber cuáles habrían podido ser sus designios para ella misma le corroían tanto el ánimo que ni siquiera ante Elinor osaba hablar de lo que sentía; y ensimismada y silenciosa en su congoja, preocupó más a su hermana que si le hubiera abierto repetidas veces su corazón.