Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento A principios del mes de febrero, quince días después de que llegara la carta de Willoughby, Elinor corrió con la ingrata tarea de informar a su hermana de que éste se había casado. Había tomado la precaución de ser ella misma la portadora de la noticia, así que se supo que la ceremonia se había celebrado, pues deseaba que Marianne no se enterara por los periódicos, que cada mañana la veía examinar con inquietud.
Recibió las nuevas con aplomo impecable; no hizo ningún comentario, y al principio no derramó una sola lágrima; pero poco después éstas empezaron a brotar, y pasó el resto del día en un estado de postración no menos acusado que cuando se enteró de que el acontecimiento era inevitable.
Los Willoughby dejaron la ciudad después de la boda; y ahora que el peligro de que se encontraran había desaparecido, Elinor confiaba en que su hermana, que aún no había salido de casa desde el día del golpe, se dejara convencer de reanudar, paulatinamente, sus antiguas costumbres.
Por estas fechas las dos señoritas Steele, recién llegadas a casa de su primo en Bartlett’s Buildings, Holborn, hicieron de nuevo su presentación ante sus más importantes parientes de Conduit y Berkeley Street; y en ambas casas se las recibió con gran cordialidad.