Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Sin embargo, fueran cuales fueren sus límites, dicho interés fue suficiente, en cuanto lo advirtió la hermana de Edward, para ponerla nerviosa; y para poner en marcha, al mismo tiempo (lo cual era aún más común), sus malos modales. A la primera oportunidad, planteó la cuestión ante su suegra, hablándole tan expresivamente de las grandes expectativas de su hermano, de lo decidida que estaba la señora Ferrars a casar bien a sus dos hijos y del peligro que acechaba a toda jovencita que tratara de cazarle, que la señora Dashwood ni fue capaz de fingir no haberla oído ni pudo esforzarse en conservar la serenidad. Su respuesta definió su desprecio, y acto seguido salió de la habitación, habiendo decidido que, por encima de los inconvenientes o los costes de una mudanza tan repentina, su adorada Elinor no iba a verse expuesta a tales insinuaciones ni una semana más.