Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento En este estado de ánimo recibió del correo una carta, que contenía un ofrecimiento particularmente oportuno. Se ponía a su disposición una casita, en condiciones muy favorables, propiedad de un pariente suyo, un caballero de calidad y relevancia en Devonshire. La carta era del caballero en persona, y estaba escrita en el genuino espíritu de un acuerdo amistoso. Entendía que tenía necesidad de una residencia, y, aunque la casa que le ofrecía no era más que una casita de campo, le aseguraba que la arreglaría de acuerdo con sus necesidades, si el emplazamiento era de su gusto. Solícitamente la invitaba, tras darle detalles de la casa y el jardín, a desplazarse junto con sus hijas a Barton Park, donde él residía y desde donde podría juzgar por sí misma si Barton Cottage, pues las casas pertenecían a la misma parroquia, podía, haciendo los cambios oportunos, satisfacer a su bienestar. Parecía realmente deseoso de hospedarlas, y la carta entera estaba escrita en un tono tan amistoso que su prima no pudo menos que quedar complacida; tanto más en un momento como aquél, en el que se veía padeciendo el trato frío y desnaturalizado de sus parientes más cercanos. No necesitó tiempo para deliberaciones ni pesquisas. Tomó la decisión no bien hubo terminado la lectura. La situación de Barton, en un condado tan distante de Sussex como Devonshire, que, sólo unas horas antes, habría constituido objeción suficiente para menospreciar cualquier otra posible ventaja, resultaba ahora su mayor aliciente. Abandonar la vecindad de Norland no era ya un mal: era un objeto de deseo; y marcharse para siempre de aquel querido lugar iba a resultar menos penoso que habitarlo o visitarlo mientras una mujer así fuera su ama. Dio inmediatamente por escrito las gracias a sir John Middleton por su amabilidad, comunicándole que aceptaba su ofrecimiento, y luego se apresuró a enseñar ambas cartas a sus hijas, a fin de contar con la seguridad de su aprobación antes de despachar la respuesta.