Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
La señora de John Dashwood tenía tanta confianza en el juicio de su marido que justo al día siguiente fue a presentar sus respetos tanto a la señora Jennings como a su hija. Y su confianza se vio recompensada al comprobar que incluso dicha señora, incluso la mujer que alojaba a sus cuñadas, no era en absoluto indigna de su atención; y, en lo tocante a lady Middleton, la encontró ¡una de las mujeres más encantadoras del mundo!
También lady Middleton quedó encantada con la señora Dashwood. Había en ambas una especie de fría suficiencia que las hizo sentirse mutuamente atraídas; y simpatizaron la una con la otra en una actitud de insípida formalidad, y en una falta de entendimiento general.
Los mismos modales, no obstante, que encarecieron a la señora de John Dashwood a los ojos de lady Middleton no colmaron las aspiraciones de la señora Jennings, a quien no le pareció más que una mujercita estirada y antipática, que no había manifestado el menor afecto al ver a las hermanas de su marido, y que apenas les había dirigido la palabra; pues del cuarto de hora que hizo el favor de pasar en Berkeley Street, al menos estuvo siete minutos y medio sin decir nada.