Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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Elinor se mostró de acuerdo en todo, pues no creía que él se mereciera el cumplido de una oposición racional.

Como John Dashwood no disfrutaba de la música más que la mayor de sus hermanas, también su pensamiento era libre de concentrarse en cualquier otra cosa; y en el curso de la velada le asaltó una idea que, al llegar a su casa, sometió a la aprobación de su esposa. La consideración del error de la señora Dennison, al suponer huéspedes suyas a sus hermanas, había sugerido la conveniencia de invitarlas realmente a convertirse en tales, mientras duraran los compromisos que obligaban a la señora Jennings a ausentarse de su hogar. Los gastos iban a ser insignificantes, y menores aún los trastornos; y se trataba al fin y al cabo de un detalle cuya necesidad argüía su delicada conciencia a fin de liberarse de la promesa hecha a su padre. Al oír la proposición, Fanny se sobresaltó:

—No veo la manera de hacerlo —dijo— sin afrentar a lady Middleton, con quien pasan tus hermanas todo el día; de otro modo nada me complacería más. Ya sabes lo dispuesta que estoy a prodigarles cuantas atenciones se hallen en mi mano, como sacarlas a estas veladas de esparcimiento. Pero ellas son las invitadas de lady Middleton. ¿Cómo les pido yo que la dejen?

Su marido, aunque con gran humildad, no veía el peso de esta objeción:


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