Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Quince días más tarde, la señora Palmer se encontraba ya tan mejorada que su madre dejó de sentir la necesidad de sacrificarle todo su tiempo; y, contentándose con ir a verla una o dos veces al día, regresó de esta etapa a su propio hogar, y a sus propias costumbres, y en esta empresa encontró a las dos señoritas Dashwood muy inclinadas a reanudar su antigua compañía.
Hacia el tercer o cuarto día de su reinstalación en Berkeley Street, la señora Jennings, al volver un día de su consuetudinaria visita a casa de su hija, entró en el salón, donde Elinor se encontraba sola, haciendo tan grandes aspavientos que ésta se preparó para escuchar algún prodigio; y dándole apenas tiempo a hacerse a la idea, la señora Jennings empezó directamente a justificar su expectación diciendo:
—¡Ay, Señor! ¡Querida señorita Dashwood! ¿Sabe usted la noticia?
—No, señora. ¿De qué se trata?