Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Cuando la nota, diez minutos después de ser recibida, fue puesta en manos de Elinor, ésta participó de algún modo, por primera vez, de las expectativas de Lucy; pues esta señal de amabilidad extraordinaria, siendo tan recientes las presentaciones, parecía decir que, si la miraban con buenos ojos, era por algo más que por la pura malevolencia que a ella le tenían; y, con el tiempo y con el trato, quizá llegara Lucy a ver satisfechos todos sus deseos. Sus zalamerías habían sojuzgado ya el orgullo de lady Middleton, y abierto una brecha en el cerrado corazón de la señora de John Dashwood; y estos efectos allanaban el camino a otros probables y de mayor magnitud.
Las señoritas Steele se mudaron a Harley Street, y todo cuanto supo Elinor de su ascendencia en esta casa confirmó sus expectativas del acontecimiento. Sir John, que fue a visitarlas más de una vez, le llevaba tales informes del favor de que allí gozaban que no podían ser más locuaces ni más convincentes. La señora Dashwood jamás había conocido jovencitas más encantadoras; les había regalado a cada una un alfiletero en forma de libro, obra de algún emigrado[10]; a Lucy la tuteaba, y no sabía, en fin, si alguna vez iba a ser capaz de vivir sin ella y sin su hermana.