Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Puso aquí la señora Jennings punto final, y, como Elinor había tenido tiempo de sobra para ordenar sus pensamientos, estaba preparada para dar las respuestas y para hacer las observaciones a las que el asunto debía naturalmente dar pie. Feliz de saber que no era sospechosa de ser parte interesada, y que la señora Jennings (como últimamente había pensado que podía ocurrir) había dejado definitivamente de imaginársela enamorada de Edward, y feliz por todo lo demás, se sintió en perfectas condiciones, en ausencia de Marianne, para hablar sin apuro de las circunstancias, y de dar su parecer con imparcialidad, o eso creyó, sobre la actuación de todos cuantos intervenían en ellas.
Apenas podía discernir qué cabía esperar realmente después de lo sucedido, aunque con denuedo intentaba excluir la idea de que pudiera acabar de otra forma que con la boda de Edward y Lucy. Estaba ansiosa por saber, aunque no le cabía duda de cuál sería su naturaleza, lo que iba a decir y hacer la señora Ferrars; y aún más ansiosa por conocer cuál sería la reacción del propio Edward. Por él sentía gran compasión; muy poca por Lucy… y sus esfuerzos le costaba conseguir ese poco; por el resto de los implicados, ninguna en absoluto.