Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —SÃ. Pero no sólo le amaba a él; y, mientras me preocupase la tranquilidad de los demás, me alegraba poder evitar que conocieran mis sufrimientos. Ahora puedo pensar en ello, puedo hablar de ello, sin emoción apenas. No habrÃa permitido que sufrierais por mi causa; porque ahora te aseguro que yo, sinceramente, he dejado de sufrir. Tengo muchas cosas a las que agarrarme. No tengo conciencia de haber cometido ninguna imprudencia que haya perjudicado a nadie y, en lo que he podido, he llevado mi carga sin que saliera de mÃ. Absuelvo a Edward de todo acto malo en esencia. Le deseo mucha felicidad; y estoy tan convencida de que se ha comportado siempre con arreglo a su conciencia que, aunque ahora quizá abrigue algún remordimiento, sé que al final será feliz. Lucy no carece de juicio, y el juicio es el fundamento de todas las cosas buenas. Y, al fin y al cabo, Marianne, después de todo cuanto de sugestivo hay en la idea de un único y constante amor y de todo cuanto pueda decirse de que la felicidad de uno depende por completo de una sola y concreta persona, no es éste el verdadero fin… no es proporcionado… ni posible. Edward se casará con Lucy; se casará con una mujer superior en fÃsico y entendimiento a la media de su sexo; y el tiempo y la costumbre le enseñarán a olvidar que quizá una vez pensó que habÃa otra que la superaba.