Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Sé lo que quieres decir. Pones en duda mi capacidad de sentir. Durante cuatro meses, Marianne, he llevado en el alma toda esta incertidumbre, sin ser libre de hablar de ella en ningún momento y con ninguna persona; he sabido que tú y mi madre serÃais totalmente infelices si se os hubiese revelado, y todo ello sin posibilidad siquiera de prepararos por ningún medio. Me lo dijo… en cierta medida fui obligada a escucharlo de labios de la misma persona que con su más antiguo compromiso arruinaba todos mis planes; y me lo dijo, y asà lo pensé, como un triunfo. Por eso he tenido que luchar contra la suspicacia de esta persona, esforzándome en fingir indiferencia cuando más afectada me sentÃa; y más de una vez… más de una vez he tenido que escuchar y volver a escuchar sus esperanzas y exaltaciones… Me he visto separada de Edward para siempre, sin conocer un solo motivo que pudiera hacer el vÃnculo menos deseable a mis ojos. Nada ha demostrado que sea indigno; ni nada ha probado que yo le sea indiferente. He tenido que combatir los desprecios de su hermana, y la insolencia de su madre; y he sufrido los castigos del amor sin disfrutar de sus ventajas. Y todo esto ha sobrevenido en una época en que, como tú bien sabes, no sólo yo era infeliz. Si me ves capaz, quizá, de haber tenido algún sentimiento, seguramente imaginarás ahora que sà he sufrido. La moderación con que finalmente puedo considerar lo ocurrido, el consuelo que he buscado y deseado, no se han conseguido sino tras esfuerzos dolorosos y constantes; no han nacido por sà solos… no han podido ser mi alivio desde el principio… No, Marianne. Y, si el silencio no me hubiera atado, quizá nada habrÃa podido privarme, ni siquiera lo que debÃa a mis más allegados, de manifestar sin reparo lo muy infeliz que era.