Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Cumplió con su promesa de ser discreta hasta un punto admirable. Prestó atención sin cambiar de color a todo cuanto la señora Jennings tuvo que decir al respecto, no la contradijo en nada, y tres veces se la oyó decir: «Sí, señora». Escuchó sus alabanzas de Lucy sin moverse apenas de la silla y, cuando la señora Jennings empezó a hablar de los sentimientos de Edward, tan sólo un espasmo sacudió su garganta. Tales progresos hacia el heroísmo permitieron a Elinor sentirse a su altura en todo momento.
El día siguiente trajo consigo una prueba más, en la forma de una visita de su hermano, quien, con un aspecto de lo más solemne, se presentó dispuesto a comentar el horrible asunto y a contarles nuevas de su esposa.
—Supongo —dijo, con gran ceremonia, en cuanto tomó asiento— que os habréis enterado del desagradable descubrimiento que tuvo lugar ayer bajo nuestro techo.
Las tres asintieron con la mirada; el momento parecía demasiado horrible para decir palabra.