Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Vuestra cuñada —continuó— ha sufrido indeciblemente. También la señora Ferrars… Para decirlo con pocas palabras, ha sido una escena muy triste y muy ardua… pero confÃo en que amaine el temporal sin que ninguno de nosotros resulte excesivamente dañado. ¡Pobre Fanny! Estuvo con ataques histéricos todo el dÃa de ayer. Pero no quisiera alarmaros en exceso. Donavan dice que en realidad nada hay que temer; es mujer de buena constitución, y tiene una entereza inigualable. ¡Lo ha soportado todo con la fortaleza de un ángel! Ahora dice que nunca volverá a pensar bien de nadie; y no es de extrañar, ¡después de semejante engaño! ¡Recibir semejante ingratitud, cuando se ha demostrado tanta amabilidad, cuando se ha depositado tanta confianza! Sólo la gran benevolencia de su corazón la llevó a invitar a estas jovencitas a su casa, simplemente porque creÃa que se les debÃa algún detalle, y que eran chicas bien educadas, sin malicia, que serÃan una agradable compañÃa; porque, por otro lado, los dos deseábamos haberos invitado a ti y a Marianne mientras vuestra amable amiga se hallaba atendiendo a su hija. Y ahora ¡he aquà nuestra recompensa! «Ojalá, ojalá, Dios mÃo —dice la pobre Fanny con su habitual dulzura— hubiéramos invitado a tus hermanas en vez de a ellas».
Hizo entonces una pausa para recibir su agradecimiento, dado el cual, continuó: