Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —De ningún modo hablaría yo sin respeto de alguien de su familia, señora. Puedo decir que la señorita Lucy Steele es una joven con muchos méritos, pero en este caso ya sabe usted que por fuerza la relación es imposible. Y haberse comprometido en secreto con un joven que estaba bajo la tutela de su tío, el hijo de una mujer, además, de tan gran fortuna como la señora Ferrars, es quizá algo en definitiva un poco fuera de lo común. En pocas palabras, no tengo intención de sacar conclusiones sobre los actos de una persona que merece sus preocupaciones, señora Jennings. Todos nosotros deseamos verla sumamente feliz, y la conducta de la señora Ferrars en el curso de todo este asunto ha sido la que habría adoptado cualquier madre buena y sensata en parecidas circunstancias. Ha sido elegante y liberal. Edward ha elegido, y me temo que ha elegido un mal camino.
Marianne expresó con un suspiro sus parecidos temores; y el corazón de Elinor dio un vuelco al pensar cómo habría debido sentirse Edward desafiando las amenazas de su madre por una mujer que no iba a poder recompensarle.
—En fin —dijo la señora Jennings—, ¿y al final en qué quedó?