Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Si hubiese hecho tan sólo —dijo John Dashwood— lo que sus allegados estaban dispuestos a hacer, quizá se encontrara ahora en una posición más conveniente, y no carecerÃa de nada. Pero, siendo asÃ, nadie está en condiciones de ayudarle. Y hay todavÃa otra cosa cerniéndose sobre él, que va a ser la mayor desgracia de todas: su madre ha decidido, siguiendo un impulso perfectamente natural, asignar inmediatamente a Robert las propiedades que, en las debidas circunstancias, habrÃan podido pertenecer a Edward. Cuando he salido esta mañana, estaba reunida con su abogado tratando el asunto.
—¡Bueno! —dijo la señora Jennings—. Ésa es su venganza. Cada cual se venga a su manera. Pero no creo que yo lo hiciera asÃ, dando independencia económica a un hijo sólo porque otro me ha ofendido.
Marianne se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación.
—¿Puede algo ser más humillante para el ánimo de un joven —prosiguió John— que ver a su hermano en posesión de un legado que habrÃa podido ser para él? ¡Pobre Edward! Le compadezco de veras.