Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Si no supiera lo distinta que eres a mÃ, querida Elinor, ahora mismo estarÃa asombrada de tu compostura. Si alguna vez me hubiera sentado a pensar lo que podÃa ser mejor para mi familia, habrÃa visto que la boda del coronel Brandon con una de vosotras era un bien extremadamente deseable. Y creo que, de las dos, Marianne es la que tiene más posibilidades de ser feliz con él.
Elinor estuvo a punto de preguntar por qué creÃa eso, porque daba por supuesto que no podÃa ser por alguna razón fundada en una consideración imparcial de sus edades, sentimientos y personalidades; pero la imaginación de su madre nunca se detenÃa ante un asunto interesante y por eso, en vez de preguntar, prefirió callar con una sonrisa.
—Ayer, durante el viaje, el coronel me abrió su corazón. Surgió de un modo completamente imprevisto, improvisado. Yo, puedes bien imaginarlo, no hacÃa otra cosa que hablar de mi niña y él no podÃa disimular su encogimiento. Vi que igualaba al mÃo propio, y él, quizá pensando que la mera amistad, según va el mundo, no justifica que unas simpatÃas tan acentuadas (o, mejor, no pensando nada, supongo) den lugar a sentimientos irresistibles, me reveló su firme, tierno, constante amor por Marianne. La ha amado, querida Elinor, desde el primer momento en que la vio.