Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento En este punto, sin embargo, Elinor advirtió no el estilo, ni las declaraciones del coronel Brandon, sino los naturales adornos de la activa fantasÃa de su madre, que daba forma, a su arbitrio, a todo cuanto le deleitaba.
—Su interés por ella, infinitamente superior a todo lo que Willoughby pudiera sentir o fingir, y más afectuoso, y más sincero y constante y más de lo que podamos decir, ha sobrevivido ¡al mismo conocimiento del desdichado favor de la pequeña Marianne por aquel joven despreciable! ¡Y sin egoÃsmo, sin albergar una esperanza siquiera! ¡Pensar que fue capaz de verla feliz en compañÃa de otro hombre! ¡Qué noble espÃritu! ¡Qué franqueza, qué sinceridad! No hay quien pueda engañarse con él.
—Conocemos de sobra —dijo Elinor— la excelente reputación del coronel Brandon.
—Lo sé —repuso su madre, muy seria—; si no fuera asÃ, yo serÃa la última, después de la advertencia que hemos recibido, en animar este amor, o en complacerme siquiera con él. Pero ir a buscarme asÃ, con esa diligencia, con esa presteza, movido por ese sentimiento de amistad, le convierte a mis ojos en uno de los hombres más respetables del mundo.