Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Su reputación, sin embargo —continuó Elinor—, no depende sólo de un gesto movido, dejando aparte una simple cuestión de humanidad, por su afecto a Marianne. La señora Jennings, los Middleton, lo conocen Ãntimamente desde antiguo; todos le quieren y respetan por igual; e incluso yo, aunque desde hace menos, le conozco bastante, y en tan alta estima y consideración le tengo que, si Marianne es capaz de ser feliz con él, esta alianza me parecerá, no menos que a ti, un bien del Cielo. ¿Cuál fue tu respuesta? ¿Le diste alguna esperanza?
—¡Oh, tesoro mÃo! En aquellos momentos yo no estaba para esperanzas. Marianne podÃa estar muriéndose en aquel mismo instante. Pero él no buscaba ánimos, ni esperanzas. La suya fue una confesión involuntaria, un arrebato incontenible manifestado ante un amigo consolador, no una petición a una madre. Aun asÃ, poco después, porque al principio me sentà muy confundida, le dije que si ella sobrevivÃa, como era mi esperanza, mi mayor felicidad serÃa promover ese matrimonio; y desde que hemos llegado, y tenemos esa gratÃsima seguridad, se lo he repetido encarecidamente, le he animado en lo que he podido. El tiempo, un poco de tiempo, le digo, lo arreglará todo; un hombre como Willoughby no conseguirá que el corazón de Marianne deje de latir para siempre. Sus propias cualidades no han de tardar en ganárselo.