Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Supuso que pronto se instalarían en Delaford: Delaford… aquel lugar con el que tantos habían conspirado para vincularla, un lugar que a ella le habría gustado conocer pero que aun así deseaba evitar. Por un momento se los imaginó en la rectoría; vio a Lucy, administradora activa y hacendosa, uniendo sus pretensiones de prestancia a la frugalidad más extrema, y avergonzada de que alguien pudiera sospechar ni la mitad de sus economías; la vio no pensando en otra cosa que en su propio interés, regalando el oído al coronel Brandon, a la señora Jennings, y a cualquier amigo que tuviera fortuna. A Edward… no sabía cómo lo veía, ni cómo le quería ver: feliz o infeliz… nada le parecía bien; dejó de pensar en él.
Elinor confiaba muy halagüeñamente en que algún pariente o conocido de Londres les escribiera para anunciarles el evento, y darles más detalles, pero los días pasaban sin que llegaran cartas ni noticias. Aunque era dudoso que alguien pudiera ser culpado por ello, ella culpaba a todas sus amistades ausentes. Le parecían todas desconsideradas o perezosas.
—¿Cuándo vas a escribir al coronel Brandon, mamá? —preguntaba, impaciente por conocer el rumbo de los acontecimientos.