Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Fue, por mi parte, una inclinación absurda, ociosa —dijo—, el efecto de la ignorancia del mundo… y de la falta de ocupación. Si mi madre me hubiera empleado en alguna profesión activa cuando a los dieciocho años dejé la casa del señor Pratt, creo… no, estoy seguro de que eso nunca habrÃa ocurrido; porque, aunque dejé Longstaple con lo que a la sazón creÃa un indominable sentimiento por su sobrina, si entonces hubiera tenido algo a lo que dedicarme, algo que me tuviera ocupado y apartado de ella unos pocos meses, muy pronto habrÃa superado aquella fantasÃa de amor, sobre todo si hubiese visto más mundo, como en un caso asà habrÃa debido hacer. Pero en lugar de quehaceres, en lugar de habérseme elegido una profesión, o habérseme permitido elegirla yo, volvà a casa para vivir en el más completo ocio; y, un año después, ni siquiera tenÃa el empleo nominal que me habrÃa supuesto el estar inscrito en la universidad, pues no ingresé en Oxford hasta que cumplà los diecinueve. No tenÃa, pues, nada que hacer en el mundo, más que imaginarme enamorado; y como mi madre no hacÃa de mi hogar, en ningún sentido, un lugar cómodo, como en mi hermano no tenÃa a un compañero ni a un amigo, y yo era reacio a conocer gente nueva, no es de extrañar que viajase muy a menudo a Longstaple, donde siempre me sentÃa en casa, y donde siempre estaba seguro de ser bien recibido; y por consiguiente allà pasé la mayor parte de mi tiempo entre los dieciocho y los diecinueve años: Lucy representaba para mà el ideal de simpatÃa y gentileza. También era una muchacha bonita… al menos eso creÃa entonces, y conocÃa a tan pocas mujeres que no podÃa comparar, ni apreciar defectos. Tras estas consideraciones, pues, espero que, por desatinado que fuera nuestro compromiso, por desatinado que desde entonces y en todos los aspectos haya resultado ser, no fuera en aquella época una muestra innatural o inexcusable de sinrazón.